El tiempo arrastra todo. La vida, en
ese caudal, necesitó en sus inicios representaciones ficticias, pero tenían que
establecerse -como hechos reales, hasta indiscutibles, porque ocurrían, sí, al
menos unas cuantas horas. Esa puesta en escena dirigida y efectuada por hombres
fue y es conocida como teatro. Tal vez por eso Nerit Olaya Guerrero es un actor
de aquellos. Un hombre el cual siempre es muchos hombres.
Por:
Jesús Escamilo/ Fotografía: Anthony Ibáñez Carranza
Nerit
Olaya habita con él mismo y con otros dentro de él. Es su voz y otras voces. Es
su cuerpo y la representación reunida de muchos hombres. Su piel es un
silencio, la exclamación profunda de la fe y de su trabajo. Es un actor de
teatro con espíritu paciente y apasionado que conserva para los demás el
monólogo interior. Puede hablar de lo que sea cuando se le da la gana, y tiene
un olfato crudo; huele las historias a lo lejos, y no acaba ahí, las lleva a su
vida y empieza a querer representarla sobre un tabladillo o una acera. Una
historia, una muy buena historia -que al parecer lo son todas- son solo
momentos, pero contados de la mejor manera; imperdonable no ser actor para una
persona que ama tanto las historias y que, dentro de “La Tregua” de Mario
Benedetti, origina hoy algo que de ser explicado terminaría asimilándose como
contradicción: una ficción ya es un hecho verdadero. Basta tener el escenario
perfecto: el teatro y la convicción de ser quien se representa. Y Nerit Olaya
creció de esa forma.
Es
la segunda vez que está en Trujillo, el propósito de la visita, la grabación de
una película que abordará la vida de César Vallejo. Y como actor es
indiscutible que dentro de los primeros segundos de la conversación se cuele la
palabra cine. En todo caso se mezcla cine y teatro, y otros temas. Más aún,
cuando el propio ambiente brinda debido a sus pequeños parques y su playa, su
gente y sus calles angostas, la renovación de un diálogo que se ha perdido. Los
celulares, la preocupación por el tiempo quedan de lado, solo la grabadora del
IPhone y el fotógrafo. Nerit camina, ya salió del sitio donde se hospeda.
Huanchaco, un sábado a eso de las once de la mañana, recibe la visita de
playistas, surfistas, además está la gente que vive ahí. Niños corren a la
tienda, señoras están preocupadas por el almuerzo del mediodía, y el propio
Nerit, en tanto avanza, hace de su caminar un compás de sonidos. Sus palabras,
más adelante, también lo serán, pero entre todo, nunca se mencionará una
monotonía, porque él es todo lo contrario, una cadencia de palabras tras palabras.
Acto I
Buenos
días, usted enlaza en su unipersonal tres historias de Alfredo Pita y una
de Ángeles Mastretta para luego convertirlas en una sola ¿Cómo es eso posible?
Se usa el recurso de la verosimilitud
de las películas. Cuando nosotros vamos al cine y vemos una película asumimos
que lo que estamos viendo es verdad; igual cuando vas al teatro, a eso se le
denomina la complicidad del público. El público es cómplice de esa mentira, por
ello, lo verosímil, lo parecido a la verdad, por muy fantástico que sea. Por
ejemplo, en La Guerra de la Galaxias mezclas futuro con la edad media, y nos
resulta creíble, al menos cuando la vemos. Es así como ese recurso me sirve
para enlazar las historias, que son cuatro historias de amor.
¿Son las
cuatro historias de amor?
Una historia representa que el amor
puede llevarte por diferentes caminos, hasta la prostitución. La segunda
historia, una pareja, un peruano y una rusa intentan cruzar la frontera de
México a Estados Unidos. La tercera historia es mágica, un guía mexicano
semiindígena conduce a un grupo de turistas, pero resulta que el guía mexicano,
no es ni guía mexicano ni semiindígena; es un peruano que radica en París y se
lleva turistas a México y hay el romance con una turista…
Me haces acordar al Beso de la mujer
araña de Puig. Molina le va contando películas a Valentín con un hilo conductor
magnifico
La obra de Puig fue llevada al teatro
por Beto Montalva y Pipo Ormeño en Lima, en el teatro Del Sol.
¿Estamos
hablando de qué época?
Fines de los setenta. Y con esa obra
ellos se recorrieron el mundo, fue un boom. No sé si el mundo, pero sí América.
Y la representaban los dos; un trabajo precioso, desgarrador, intenso y era la
época de la efervescencia de la izquierda.
Estamos hablando del gobierno de
Francisco Morales Bermúdez.
Claro, a finales de los setenta. El
sueño de las izquierdas por cambiar el mundo estaba en ebullición. Y esta
película tenía este matiz de querer lograr un mundo mejor.
Además, basándonos en Jean Paul
Sartre, se puede decir que uno no puede estar ajeno a su tiempo…
Él acuña el término el arte
comprometido, acuérdate de Las moscas de 1943 y de El ser y la nada, que es del
mismo año, creo.
Entonces
¿Deberían tener las obras un desarrollo político de forma consciente dentro de
sí o al contrario el arte per se?
Ahí hay dos cuestiones, al menos, en
una obra de arte escénica o narrativa. Si se habla del tema, este puede ser el
amor, pero una parte es el tema y otro el propósito del tema o la historia. Yo
me acuerdo mucho de Julio Cortázar en una entrevista que le hicieron aquí en
Perú y le preguntaron, “¿cuál cree usted que es el deber de un escritor
revolucionario?”. En aquel tiempo ser revolucionario, era ser de avanzada, de
izquierda. Y Cortázar en su forma de hablar media afrancesada dice, “el primer
deber de un escritor revolucionario es escribir bien”, porque en ese tiempo se
hacía muchas cosas panfletarias, el caso de Neruda, porque se empecinan que
tiene que ser político, y no es así necesariamente. El artista es testigo de su
tiempo.
La condición de arte comprometido y el
arte por el arte, no cuaja. Todos los actos nuestros tienen un sustrato
político. Todos. No necesariamente tenemos que hablar de política para que sea.
¿Se
entiende de manera explícita?
Sí, está en todo. En La insoportable
levedad del ser de Kundera no se detalla la obra de manera política, pero la
historia empieza con la intervención del ejército ruso; toman la va encima,
pero sigue estando el tinte político discreto. Está ahí, latente.
Ahora, también puedes tomar lo
político para una obra, pero más que tema político, Shakespeare es casi en su
totalidad político porque trata el poder, y nada más político que el poder. En
las historias de amor de Shakespeare se mezcla la obra política. Romeo y
Julieta; Hamlet, que ubica la historia en Dinamarca, cuando escribe “algo se
pudre en Dinamarca” pero él está diciendo algo se pudre aquí en Londres, porque
es la época de la monarquía y él podía hablar en contra; Ricardo III, también.
Sin embargo, son historias en las que el tema no es la política, el tema es el
amor, la traición, la familia.
Por supuesto,
pero ¿cómo realizarlo sin ser panfletario? ¿Cómo presentar los hechos?
La primerísima condición, y creo que
es la única, es hacerlo bien. De ahí parte todo. Yo estoy participando en una
película acerca de César Vallejo y ninguno de los actores recibimos un céntimo
por nuestro trabajo, empezando por Reynaldo Arenas, y dispone todo su tiempo.
Yo tampoco estoy cobrando. Hubo una colaboración de una empresa que ha puesto los
pasajes y los gastos para este viaje. Y bueno, nosotros seguimos trabajando
así, porque no todo es dinero, la cultura pasa del dinero o del éxito.
Yo me vine en avión porque tengo un
problema en la columna, convivo con ella hace mucho tiempo. Pero me vine en
avión con mi plata.
¿Crees que
la juventud de hoy está siendo llevada solo por el concepto del éxito y el
consumismo?
Es el mal de la época. Y es curioso
porque es el consumismo lo que permite que sociedades capitalistas primen. El
mundo cambió, cuando hablan de izquierdas y derechas ya no hay.
¿Qué existe
hoy de por medio?
El mundo ha cambiado, pero no se
entendió que las bases siempre fueron económicas y políticas; hoy es una
globalización de la economía. Aún cuando parece que otra vez se está polarizando,
y dando pase a una segunda guerra fría. La economía es el sustrato de todo, ahí
no se equivocó Marx. Se debe examinar las guerras que buscaron solo la
repartición del mercado.
¿Es un
nuevo oleaje de guerra?
Sí, por supuesto. Antes se solucionaba
en el campo de batalla y siempre fue en Europa con intervalos cortísimos.
Recurre a la historia y ahí también nacieron las ideologías y las corrientes
filosóficas y artísticas.
Pero América tuvo el indigenismo con
sus propias características en cada país.
También se encuentra el modernismo con
Rubén Darío. A lo que me refiero es la muestra cultural que existía después de
la catástrofe; cómo se tomaba una connotación cultural para la expresión.
Después estuvo el Boom Latinoamericano en la literatura con Márquez, un
jovencito Vargas Llosa, Fuentes, Cortázar, Benedetti.
¿Tú
consideras que el arte ha sido huérfano de las distintas actualidades que fue
viviendo? Un ejemplo, hoy en día los museos soy muy poco visitados, las
bibliotecas, el cine independiente igual, fuera de toda figura romántica ¿Qué
pasa según tu experiencia?
El mundo está cambiando de manera
vertiginosa, cada vez todo es más rápido. Tú tienes la Edad Antigua, Media,
Moderna y Contemporánea, y en medio La Ilustración, la Revolución Francesa, y
otros sucesos. Hoy es cambiante por la inmediatez, lo llamado tiempo real. Se
piensa poco, y se hace, sobre todo, pero son actos vacilantes. Ahí se suma la
poca importancia por la vida y la cultura, la inmediatez nos está matando,
aunque puede ser aprovechada.
En una oportunidad yo necesitaba unas
obras de Alfred Jarry, tuve que pedírselas a un amigo en Francia, para que
lleguen esos documentos pasó tiempo. Hoy sería impensable que suceda eso.
Acto II
¿A qué edad
despertó tu pasión por el teatro?
Yo me doy cuenta ahora que desde el
colegio recitaba. Estudie en la G.U.E., y ahí eran palomillas, no había el
bullying de hoy, pero la pendejada siempre existía.
¿Y tú en
que bando estabas?
Terminé joven, a los 16 años. Yo era
de los menores, el resto me llevaba dos o tres años, y cuando eres pequeño esa
diferencia es mucha. No obstante, los grandes de la clase eran mis amigos. Yo
recitaba y los hacía llorar, eran sueños y prodigios de niños.
¿Qué
recitabas?
Por ejemplo “Yo pido para mi madre”,
“Amor de madre”, y después tenía un número de payaso con un amigo, y cantaba.
Imagina, transitaba ambas vías. Era el loquito, el artista, quien recitaba, por
eso supongo que tenía el favor de los mayores. El arte siempre fue subversivo,
y como dijo ayer en la conferencia de prensa Reynaldo, estamos trabajando en la
película contra viento y marea, no tenemos apoyo de nadie y hemos tocado muchas
puertas; el gobierno en cambio ni las abre, las privadas a veces nos miran,
otras no. Pero el gobierno te las estampa en la cara.
¿Por qué el
desentendimiento del gobierno?
Porque no les conviene. Si el pueblo
se educa, es obstructor del poder, pero la haría analizando, no solo guerrear
por ir sin sentido. Cuanto más ignorantes son los pueblos, más fáciles de
gobernar.
¿Se sigue
cumpliendo lo de pan y circo al pueblo?
Creo que sí. Si no qué cosas son esos
espectáculos; no voy a decir nombres, porque no me parece prudente señalar con
el dedo. Pero sí me entenderán a quienes me refiero, espectáculos sin sentido,
burdos… en todo caso no siempre somos profundos, también tenemos
superficialidad, dosis de frivolidad, pero detrás de ese mensaje se debe tener
conocimiento, criterio para desenmarañarte y tener un concepto diferente de lo
que ves o escuchas.
Hay ciertas maneras de hacer las cosas
que embrutecen a los espectadores y a los radioyentes. Al contrario, hay una
manera distinta, contraria, que al menos mueve tus resortes internos:
emociones, sentimientos, pensamientos. Un espectáculo integral. No solo risa,
pero acaso pasarte tres horas con un ja, ja, ja… debe aburrir un poco.
Simultáneamente el fútbol, un deporte tan hermoso, está siendo usado como
tapadero de problemas cotidianos.
¿Viste los
partidos de Perú?
No lo negaría. Pero hay que saber que
después de los partidos de la selección la vida sigue, los problemas están ahí.
Lo malo es usar el fútbol para fines políticos, y que sean vergonzosos, solo
para intereses del poder. El arte y la cultura, en cambio siguen, son
franqueables, no consigue un espacio tan grande en las masas, pero los artistas
tenemos un compromiso que va más allá.
Acto III
¿Estás
grabando una película acerca de la vida de Vallejo?
Sí. Llevaremos una cuarta parte de lo
que se tiene que grabar, se ha filmado en Lima, ahora aquí. Y se está haciendo
con miras a estrenarla el próximo año.
¿Quiénes la
protagonizan?
Reynaldo Arenas de Vallejo, Geraldine
Díaz de Otilia, Segundo Vara, Luis Cornejo y jóvenes elementos. Los muchachos
del equipo técnico aún no terminan la universidad, chicos de comunicaciones de
la UPN y que están realizando la película. De esa manera se está trabajando, a
puro punche y pasión. No sabemos mañana cómo se resolverá el asunto de
publicidad, postproducción, de todas formas, estamos ahí.
Estas
hablando de jóvenes dentro de proyectos culturales, pero… ¿cómo seguir
involucrándolos?
Con proyectos bien hechos. Es un
tópico pensar que el gobierno se involucre más en realidades como la nuestra.
El tema finalmente es educación. Al comienzo es educación, a la mitad del
camino es educación, al final, también educación. Aquella de calidad y que
enseñe a la gente a pensar; no una educación de aprendizaje de contenidos de
memoria. Hay que enseñar a preguntar, a tener una visión crítica.
Tener el contexto para comparar con
referentes y referencias. Basándote en hechos, qué hay detrás de mundo
aparente, la realidad. Dice en una parte en La tregua, Martín Santomé a Laura
Avellaneda, yo a usted la quiero en la realidad, pero los problemas aparecen
cuando pienso en las apariencias.
¿Cuándo llegas a Lima?
Llego a Lima a los 17 años, primero
estudió economía en la Universidad San Martín de Porres; luego Literatura en
San Marcos y vuelvo otra vez a Economía nuevamente, pero en la Universidad del
Pacífico. Mi interés en la universidad fue político.
Como muchos
en ese entonces.
Claro, yo quería cambiar el sistema.
Pero para cambiarlo tengo que conocerlo, y dónde mejor que en la Universidad
del Pacífico. Aunque me encontré con una realidad diferente y sorpresiva, había
un curso dentro de la malla curricular que se llamaba teoría del valor y
estudiabas a Marx, el capital, la plusvalía, el valor humano; pero ahí sí se
estudiaba como un tema de estudio. Lo que yo había estudiado antes eran
nociones, cuestiones de panfletos.
Al llegar ahí era estudiar y estudiar,
llegué y vi que todos eran ratones de biblioteca, pero no había teatro;
entonces formé el primer grupo de teatro en la Pacífico. En ese entonces no
había Centro Federado sino Centro de Estudiantes y les dije, quiero formar un
grupo de teatro y me apoyaron. Pero también dejé la universidad y me fui a
estudiar arte dramático, año 1982.
Regresemos
al pasado ¿Tu primera obra en el teatro cuál fue?
Madre Coraje y sus hijos, obra teatral
de Bertolt Brecht en el teatro Segura en Lima. Fue una obra que hizo el
desaparecido Horacio Paredes; vino Julio Castillo de México a dirigir. Tuve la
suerte de estar a lado de Elvira Travesí, de don Lucho Álvarez, Carlos Gasol,
Enrique Victoria, grandes del teatro peruano. Era un elenco como de sesenta
personas, y yo fui a trabajar de apuntador, que es la persona que está con el
libreto al costado soplándoles el texto a los actores; que eso usaban las
compañías antiguas para las funciones. Existía lo que se llamaba, la concha del
apuntador, delante del escenario, ahí el apuntador empezaba a decirle la letra
a los actores. Después hubo el traspunte, y yo le hacía el traspunte a Elvira
Travesí, a Lucho Álvarez y a Enrique Victoria en los ensayos.
Es así como me conocía la obra,
participé de un personaje y moví toda la utilería de Madre Coraje; estaba en el
escenario, estaba en la utilería. Fue una experiencia maravillosa.
Hablaste de
Brecht, de Alfred Jarry, y otros…
Sí, Jarry es el padre del teatro
moderno y de lo absurdo…
Hago
hincapié en tu formación desde el teatro de autores franceses ¿Has llegado a
conocer Francia?
No, aún no. Solo he ido a Cuba tres
veces, a Buenos Aires, a Mar de Plata. Pero mi sueño es irme a Europa con las
historias de Alfredo Pita, y recorrerla al menos para presentarme a los
hispanohablantes.
Hay cierta curiosidad cuando se
menciona a Cuba ¿Cómo fue la experiencia en la tierra de José Martí y Silvio
Rodríguez? ¿Qué tanta verdad hay en los problemas internos económicos de la
isla?
En todo caso, es un país con
problemas. La realidad es compleja. Ahora, las tres veces que he ido a Cuba, es
cierto que el pueblo cubano tiene muchísimas carencias. Tú llegas a Cuba y la
primera impresión que tienes, en definitiva, es el no poder comunicarte con el
mundo. Me sentía aislado, en cambio, ves a la gente tranquila, y al tercer día
ya no le prestaba atención. Hay carencias, empezando por la comunicación.
Tampoco el gobierno cubano tiene la representación de antes, ahora hay menos
subsidios; se sigue recibiendo ayuda del gobierno, pero no como antes, son menores.
En cuanto al teatro es maravilloso,
muy diferente, la gente aprecia el arte. Denominamos como una existente
diferencia a lo que vemos, puesto que sí lo son.
Acto IV
Si tuvieses
que mencionar algunos libros que habitan siempre tu memoria ¿Cuáles serían?
El primer libro que me impactó fue “Las
mil y una noches”. Mi padre tenía una biblioteca y había ahí seis tomos de
pasta dura, tenían un papel muy cuidado y eran enormes. Las vacaciones de
quinto de primaria a primero de media, las aproveché, y leí los seis tomos; ¡y
cómo no me iba a gustar si siempre estaba el tema erótico!. Descubrí mi
pubertad y la imaginación a la vez con historias tradicionales del Medio
Oriente.
Al poco tiempo, en segundo de media
teniendo doce años, recuerdo que los sindicatos de obreros eran muy activos, y
por intermedio de un profesor nos llevaron para recitarles, hacerlos llorar y
con mi número de payaso provocar risas. En ese instante de estar ahí, me fijo
en un gran mueble que tenía libros, y yo metí la mano y saco un librito y me lo
guardé. Al final me lo llevé, cuestión que nunca he hecho otra vez en mi vida.
Estuve horas con el libro guardado, ya que la función demoró, y los obreros nos
invitaron algún fiambre, entre tanto avanza el tiempo y yo seguía con el libro
por varias horas. Al final llegó a casa, saco el libro y sorpresa, Trilce de
César Vallejo en una edición primigenia con prólogo de Antenor Orrego. Yo me
acuerdo hasta ahora como empieza el prólogo de Antenor:
“Bien quisiera yo, con harto y
ubérrimo corazón, que estas palabras mías frente al libro de César Vallejo, que
marca una superación estética en la gesta mental de América, fueran nada más
que lírico canto de amor…”
Y las palabras de Antenor son simples,
cristalinas, porque ya se conocía de la grandeza de Vallejo. Cuando habla de
Vallejo como de un niño que juega con el barro y que así lo hace con el idioma.
Creo que ha sido lo mejor que se ha dicho de César Vallejo. Fue el segundo
libro el que me impactó muchísimo
Posteriormente, entre ellos, está La
tregua de Mario Benedetti. Yo tendría 17 años y me impactó de manera
sobrenatural. Me gustó tanto, era uno de mis libros preferidos que quise
llevarlo al teatro. Incluso, hace veinte años lo intenté con una amiga, Natalia
Montoya, y arrancamos a trabajar sobre La tregua. Yo trabajo por imágenes, no
parto ni de conceptos ni de ideas ni de mensajes; concretamente tenía la imagen
de Martín Santomé de manera espiral y que cada vez se ibaa cerrando y cerrando,
y en ese encerrarse iba cantando como de costumbre. Hasta que últimamente
retomo La tregua con narración oral escénica.
¿Qué es la narración oral escénica?
Es a lo que se llama cuentacuentos.
Aunque tiene diferencias, en tanto el cuentacuentos no tiene tanta
representación escénica -dramatización- porque yo provengo del teatro. Y está
calculado, trabajado cada detalle, texto, movimiento. Todo está estructurado en
forma de discurso artístico. No es solamente contar un cuento sentado, es una
representación. Y al final es un híbrido; Carlos Gasol, el primer actor
teatral, en su programa de radio invita y dice, he visto una obra de teatro que
me ha impactado mucho, y para mí era narración oral. Y luego Marco Aurelio
Denegri dijo en su programa, fui a ver una obra de teatro. Pero yo honestamente
he dicho que es un híbrido, como lo ha dicho Alonso Alegría.
En pocas palabras, yo tenía esa
desmedida intención por realizar La Tregua, la retomó últimamente con la
propuesta de narración oral escénica. Estamos dos, una actriz que es Geraldine
Díaz Zamora, una actriz de 24 años que tiene la edad del personaje, aunque la
primera versión fue con Natalia Montoya durante un año.
“Esta noche conversé con una Blanca
casi desconocida para mí. Estábamos solos después de la cena. Yo leía el diario
y ella hacía un solitario. De pronto se quedó inmóvil, con una carta en alto, y
su mirada era a la vez perdida y melancólica. La vigilé durante unos instantes;
luego, le pregunté en qué pensaba. Entonces pareció despertarse, me dirigió una
mirada desolada, y, sin poderse contener, hundió la cabeza entre las manos,
como si no quisiera que nadie profanara su llanto. Cuando una mujer llora
frente a mí, me vuelvo indefenso y, además, torpe. Me desespero, no sé cómo remediarlo.
Esta vez seguí un impulso natural, me levanté, me acerqué a ella y empecé a
acariciarle la cabeza, sin pronunciar palabra. De a poco se fue calmando y las
llorosas convulsiones se espaciaron. Cuando al fin bajó las manos, con la mitad
no usada de mi pañuelo le sequé los ojos y le soné la nariz. En ese momento no
parecía una mujer de veintitrés años, sino una chiquilla, momentáneamente
infeliz porque se le hubiera roto una muñeca o porque no la llevaban al
zoológico. Le pregunté si se sentía desgraciada y contestó que sí. Le pregunté
el motivo y dijo que no sabía. No me extrañó demasiado. Yo mismo me siento a
veces infeliz sin un motivo concreto…”. La tregua
(fragmento)
¿Te sientes
retribuido por el público que va a ver La Tregua?
Gusta mucho, los aplausos nos dicen
que sí. La embajada de Uruguay auspicia el montaje, y el auspicio viene después
que el embajador de Uruguay y la agregada cultural vieron la obra. El embajador
me dijo, he visto a Benedetti, él fue mi amigo, coincidimos en Cuba, a partir
de ahí me da el auspicio. Chachi Sanseviero, la dueña de la librería El Virrey
que acaba de dejarnos hace poquito, también me da el auspicio para La Tregua.
Pero Nerit al lugar que siempre te
remites es Lima ¿Se está haciendo algo por descentralizar los eventos
culturales?
Desde mi trabajo estoy haciendo
gestiones para llevar La Tregua a otras partes del Perú que no sean Lima. Me he
contactado con gente de Trujillo y también es difícil, con gente de Arequipa y
también es difícil, con gente de Tacna, Piura, y también lo es. He ido a
Sullana, me llevó la Municipalidad porque el teniente alcalde era mi amigo, de
no ser así, imagínate. No hay un esfuerzo organizado, son casos aislados, como
el caso de filmar la película de César Vallejo. Observa las dificultades que
tenemos para rodar la película, y los fondos enormes que tienen otras películas
comerciales … no voy a decir nombres.
Deberías…
Aunque si algún compañero de teatro o
amigo me escucha, diría, tienes que decir los nombres. A lo cual yo diría, no
es ético, y me volverían a decir, lo ético es decir nombres, pero ya se
sobrentiende. Y porque cada uno tiene derecho de ganarse la vida como quiera.
Aprovechando
que hablas de cine ¿qué película te impactó?
Yo siempre digo, hay una película, aunque
en realidad son muchas, pero “Nos habíamos amado tanto” de Ettore
Scola, la puedo ver ochenta mil veces. Ahí está el trasfondo político, la
rivalidad de clases. Al final es una historia linda, de amor y de amistad, pero
bien contada y en medio los conceptos políticos; de no ser así, sería un
panfleto. Mis hijos la han visto como quien ve una historia simple; por otra
parte, yo también les expliqué el meollo y características que tiene la
película. Scola usa recursos del teatro.
Por ejemplo ¿Cuál sería la diferencia
entre cine y teatro, teniendo en cuenta lo de Nos habíamos amado tanto?
En narración (teatro) los hechos se
enuncian, en cine los hechos se representan, así de simple. Aunque en La tregua
los hechos se enuncian, se representan, y se cuentan. En uno se suscita la
imaginación, en el otro se da la fantasía de que eso es real, eres cómplice de
esa fantasía. Ni uno mejor que otro, diferentes.
Nerit,
directamente tú tienes una vinculación con una obra de Juan Gonzalo Rosé ¿Es
así?
Sí, y es teatro. Te cuento la
historia, en el año 1960 Juan Gonzalo va a ver a Edgar Guillén con unos papeles
escritos a máquina y le dice “flaco, toma, esto es tuyo” y resultó siendo una
obra de teatro “Carné de identidad”. Luego el flaco se va a Europa seis años y
regresa a Perú, y a partir de ahí comienza a representar la obra teatral.
Ya para el año 1983, cuando fallece
Juan Gonzalo, Guillén sigue con la obra por un tiempo. Era un homenaje hacia el
poeta de la ternura. Pero esa obra solo la tení a Guillén, no estaba publicada, y hace
algunos años -creo que fue el 2014- el flaco me dice, “Nerit tengo tantos años
representado ‘Carné de identidad’, ya es hora de que el público lo tengo en sus
manos, porque cuando un libro se publica deja de pertenecer al autor”. Y Teresa,
la hermana de Juan Gonzalo, de la que tanto hemos dicho su nombre, me cede los
derechos de autor para publicarlo. Con lo cual no he ganado ni un centavo, y
quien me apoyó desde el inicio fue Chachi Sanseviero con la Librería El Virrey,
y luego librería Sur.
Carta a María Teresa – Juan Gonzalo
Rosé
“Para
ti debo ser, pequeña hermana,
el
hombre malo que hace llorar a mamá.
Yo
me interrogo ahora
¿por
qué no he amado sólo
las
rosas repentinas,
las
mareas de junio,
las
lunas sobre el mar?
¿Por
qué he debido amar
la
rosa y la justicia
el
mar y la justicia,
la
justicia y la luz?
Fui
un niño como todos.
También
mi infancia
la
atravesaba un río
y
tenía una hora misteriosa
en
la cual las palomas
a
mi alma obedecían…”
Para terminar la conversación ¿qué es
lo que más amas y qué detestas en la vida?
Lo que más amo es el amor y lo que más
detesto es la injusticia. Nunca hemos tenido tantas posibilidades de ser
grandiosos como seres humanos, sin embargo, los seres humanos somos injustos.
Los seres humanos tenemos ambas posibilidades, de ser bondadosos o unas
mierdas.
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